Se esperaba un partido intenso entre dos equipos en progresión ascendente que buscaban seguir sumando para aspirar a los puestos de Champions. Sin embargo, sólo hubo un equipo sobre el terreno de juego. La Roma jugó a su antojo y no sufrió nada. Y no marcó más goles porque bajó el pistón.
Pero, sin quitar ningún mérito al equipo de Luis Enrique, el Inter ayudó mucho a que le salieran las cosas tan redondas. Se vio -o mejor dicho no se vio- a un Inter desdibujado, sin ningún hambre por la victoria. En la primera mitad apenas tuvo una llegada al área en un tiro de Milito manso a las manos de Stekelenburg. El resto del tiempo vivió en su campo, a merced de lo que la Roma quisiera hacer con la pelota.
El panorama no cambió. El Inter siguió a merced de su rival, como si el partido se tratase de un choque copero entre un Serie A y un Serie C. La Roma continuó buscando el gol hasta que Borini lo logró al filo del descanso. Con 2-0 al descanso, Ranieri quiso dar un golpe de autoridad con un doble cambio en el que señaló a Pazzini y Samuel. Pero ni con esas logró cambiar la situación.Dirigidos por un excepcional Totti, los 'giallorossi' rondaron mucho el área de Julio César con poco acierto. Una doble ocasión con taconazo incluido de 'Il Capitano' precedió al primer tanto, que tuvo que ser a la salida de un córner. Juan remató con poderío el saque botado por Totti a los 12 minutos.
Al poco de la reanudación Borini volvía a ver portería al marcar a placer tras controlar solo dentro del área. El 3-0 hizo que la segunda parte sobrara hasta que Bojan, que salió por Lamela, hizo en el 88' una obra de arte. Tras bajar un balón con el pecho dentro del área, se revolvió para irse de cuatro interistas y cruzar el balón a la red al darse la vuelta. La mejor manera de rubricar una goleada que puede marcar un antes y un después en el Inter de Milán.
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