Y es que al Atlético jamás goza de un rato tranquilo. Mandó en el primer tiempo. Se puso por delante. Y hasta se gustó. Sin embargo, sin esperarlo, la única aproximación del Hannover se convalidó por un disgusto que acabó por confundirle. El gol alemán, bonito por el pase de Stindl, radiante por la ejecución de Diouf y bochornoso por la lentitud de Miranda, dejó helado al Calderón, que hasta ese momento (38') había visto a un equipo confeccionado a semejanza de su entrenador.
Un Atlético con señas de identidad
El 'Cholismo' no es más de lo mismo. Independientemente del resultado, debe cundir el optimismo. Esto no es como empieza. Hay una vuelta y una vida por delante. El proyecto Simeone promete. Existen técnicos que, tras un pasado de corto en el que adoraban el trato del balón (Clemente), se robotizan en los banquillos y embrutecen los conceptos. Por el contrario, hay otros que recorren el camino a la inversa. Eran más bien toscos como futbolistas y ahora buscan la perfección estética (Bielsa). Simeone es de otra pasta. Por eso engancha y se le perdonan más los tropiezos. Es más práctico y fiel a sus principios. Quiere, ni más ni menos, un equipo que se exprese como lo hacía él. Con exactitud. Algo que gustaba y gusta a los atléticos. La primera y última media hora fue un claro ejemplo del parecido razonable. El gol inicial es una copia de cómo los lograba él. Tras una falta lateral (de Gabi) y con un cabezo de raza (Falcao), llegando desde atrás y arrollando con su fe al portero y a quien quisiera evitar lo inevitable. La reacción final representa su inagotable casta.
Este Atlético, por mucho que sume como lo hacía con Manzano (poco y de forma irregular), es bien distinto a aquel que sólo transmitía frialdad. Ahora hay sangre, ánimo y nervio. La intensidad en cada gesto y el hambre en la presión son las claves de este equipo, al que únicamente le faltan resultados contundentes para que el excelente momento de forma de Juanfran o la calidad que emana de su ataque sean reconocidos. Del nuevo genio se basa para recuperar pronto y en campo enemigo. Así lo hizo siempre ante el Hannover. Gracias a ello, los dos mediocentros se liberan de la ardua labor de elaborar hasta conectar con los jugones. El plan de este Atlético tiene una prioridad fundamental: que el balón le llegue cuanto antes a los mediapuntas para alimentar de inmediato a Falcao. Un ataque que está a años luz del resto de compañeros. Únicamente falta recuperar totalmente a Diego y que la suerte sonría. Su chilena fue un aviso.
El resultado al descanso era injusto. Por la superioridad local y por la cantidad de ocasiones. Falcao tuvo otra de cabeza, como Mario, y Adrián gozó de la mejor. Al asturiano se le marchó demasiado cruzado un latigazo tras un buen pase al hueco. El Atlético se movía con rapidez y soltura. Koke, de nuevo titular, empujaba y Falcao, incordiaba. Pero el Atlético llegaba al área rival porque Arda es de otro nivel. Entre el turco, Adrián y las continuas internadas de Juanfran, desarbolaron a un Hannover encogido cuya misión era matar a la contra.
Incansables hasta lograr el segundo
El segundo tiempo repitió las intenciones. Acentuadas en el Atlético con las entradas de Diego y Salvio. Y refrendadas en el Hannover con otro arreón que, por fortuna, sólo quedó en susto. De nuevo, como en su gol, un centro medido desde la derecha cayó en los pies de Diouf, cuyo remate fue repelido por Courtois de manera providencial.
El Atlético tembló, aunque no dudó. Siguió empujando con más angustia que coordinación. Arda tuvo dos buenas ocasiones. Hasta que Diego puso la cordura y Salvio el acierto. El argentino se acomodó un balón en la lejanía y mandó un misil con cierta rosca que empotró las ilusiones del Hannover en la escuadra. Su tanto hizo justicia aunque dejó al Atlético, y a los atléticos, inquietos porque las buenas sensaciones no dan, de momento, para vivir en paz. Alemania decidirá.
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