El Atlético planteó un duelo inteligente. Sin complicarse la vida en defensa y sin forzar malentendidos en la creación. Animar al adversario estaba prohibido. El plan pasaba por enviar cuando antes el balón a los que mejor saben tratarlo. Una idea que pudo plasmarse con menos sudor que en las últimas semanas porque Arda aporta la pausa básica para no perderla y la inteligencia necesaria para jugarla. En torno a él se agruparon Adrián y Falcao, siempre con Mario y Gabi al quite. Ellos se bastaron para desquiciar a un rival más hosco que brillante. Le mataron en el primer tiempo y le narcotizaron en el segundo con su temple. No fue un exhibición de juego coral pero sí una muestra racial de efectividad. Dos llegadas, un susto y un gol cuya equivalencia fue una sentencia, un pase a cuartos y un proyecto vivo en marzo. Una realidad que cualquier colchonero hubiera firmado hace meses en bañador.
Un gol y el pase encarrilado
El tanto del alivio lo hizo Adrián, más decisivo cada día. Sin embargo el mérito tendría que repartirlo entre Juanfran y Arda. El primero metió un pase a la espalda de la defensa como pocos laterales son capaces de hacer, mientras que el turco controló con clase y asistió con estilo para que Adrián machacase a placer. El Atlético enmudeció el Inönü como quien lo hace con la tele. Ni los destellos de Simao ni las intenciones de Fernandes cambiaron el panorama. Menos aún Hugo Almeida, un delantero que Mourinho pretendió para el Madrid y que definitivamente no logró por su bien.
La lentitud del Besiktas y la solidez del Atlético restaron emoción al resto del encuentro. Un intervalo de tiempo en el que Adrián y Arda desaprovecharon la oportunidad de sonrojar a su enemigo cortando alguna oreja más. Unas veces por centímetros y otras por una errónea ejecución del contragolpe. En esa suerte, Koke se llevó el gordo con una arrancada tan potente como descontrolada. Ante tanto desacierto en los metros finales, sólo un fallo ajeno podría aumentar la renta.El portero del Besiktas se prestó voluntario al permitir a Falcao empujar en la línea de gol un centro llovido de Salvio por el que nadie daba un euro. Fue la nota de humor.
Un rival idóneo contra el cansancio
Independientemente del resultado, justo y corto pese al tercero logrado por Salvio a deshora, la mejor noticia para el Atlético fue el ahorro de gasolina. Tras la ida y la batalla de Sevilla, el último encuentro ante el Granada encendió las alarmas de una plantilla corta y mermada. El Besiktas echó una mano para no avivar la preocupación. Su juego directo, sin maldad ni intención, facilitó la labor de Miranda y Godín y no exigió a los laterales. Los mediocentros tampoco tuvieron que remangarse y los atacantes, con un rival volcado con más obligación que inteligencia, encontraron más espacios de los esperados. Lo dicho: el Atlético soñó en la previa con que tendría que pelear en una caja de cerillas y se despidió de Turquía con una sesión de baño y masaje.
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