Caparrós dijo cinco días antes que a él le hubiese gustado más visitar Heliópolis y se supo el porqué. Llegar a su casa le quita atención en la preparación, vigor en el discurso, intensidad en su plan. Sus resultados en Nervión, no se puede ocultar, son pésimos. Muchos pensaron que podría haber sido un buen día para cambiar la curiosa pareja que dirige el Mallorca. Tal vez Serra, bético convencido, hubiese puesto más cuidado en el plan. Y en diplomacia nadie hubiese ganado en el palco a Caparrós, intimísimo de Del Nido. Pero en esa entelequia tampoco estaba la solución del Mallorca, que chocó con un partido inesperado.
Para empezar, el Sánchez Pizjuán pareció una balsa en los primeros minutos. Un panorama peligroso para el Sevilla, que intentaba construir, y tentador para el Mallorca, agresivo, con Chico intimidando a Reyes y loco por recuperar un balón en zonas peligrosas. Lo consiguió un par de veces, pero los dos disparos de Chori Castro fueron atrapados por Palop, brillante desde que Míchel cambió los roles en la portería y le dio la titularidad.
Más equilibrado, el Sevilla ha ganado continuidad y se ha quitado ansiedad. En otra época, el 0-0 del descanso le hubiese agobiado. Míchel no movió una coma y la respuesta fueron tres goles en menos de 20 minutos. Negredo, felizmente recuperado, peinó un balón lejos de Aouate y corrió a dedicárselo a Javi Varas, su mejor amigo en el vestuario. Un gran portero que pasa malos días.
Mientras, Navas cumplió dos de esas instrucciones que le han dado mil técnicos en su carrera. La primera, abandonar la derecha y filtrarse por el centro para asistir a Manu (2-0). La segunda, hacer un desmarque de ruptura que interpretó con maestría Reyes, capaz de ver un pase casi imposible. Los dos socios lo celebraron y vibró la grada. Atención al Sevilla.
El detalle. Javi Varas y el consuelo del '9'
No lo está pasando bien Javi Varas en las últimas semanas. El portero fue apartado de la titularidad por Míchel nada más llegar sin que mediase lesión o malas actuaciones del canterano. Ayer, nada más marcar el 1-0 Negredo, el internacional se fue a abrazar al de Pino Montano, uno de los más queridos en el vestuario.
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